Caixa Penedés: chanchullos varios a través de su obra social

Las cajas de ahorro hunden sus raíces en el siglo xvii en España, y es conveniente recordar su nombre completo, en que se incluía Montes de Piedad. Les contamos esto porque su espíritu en origen era el de la colaboración, la ayuda a los que lo estaban pasando peor para que consiguieran un poco de dinero a cambio de depositar algo de valor (que en la época podía ser hasta un buen abrigo) en la caja de ahorros para después recuperarlo. Además, prestaban dinero, pero como tenían como uno de sus pilares de creación la solidaridad, lo hacían con intereses bajos para que quienes estaban en una situación precaria pudieran respirar un poco. Traigan a la memoria esta filosofía y aderecen la ensalada del rescate financiero con ella. Veamos, todas las entidades financieras rescatadas por el FROB son cajas de ahorro, a excepción de un banco, el de Valencia.

La mala gestión, la corrupción y, por omisión, la actitud de los reguladores han propiciado la hecatombe. Porque ¿dónde ha estado el Banco de España, principal garante de las buenas prácticas de las entidades financieras mientras las cajas de ahorro gestionaban mal sus activos? ¿O es que las pérdidas salen como las setas cuando llueve, de un día para otro? Bien, es indignante que algunas entidades que surgieron para ayudar a los desfavorecidos se hayan convertido en aves carroñeras que han gestionado muy mal sus activos. Imagínense si encima hay una entidad financiera a la que se ha salvado de la quiebra con dinero público y después nos enteramos de que su obra social era la obra social de sus directivos. Existe y se llama Caixa Penedés. Póngale el presuntamente para ahorrarnos cuestiones legales, pero la fiscalía anticorrupción ya ha puesto la maquinaria en marcha a través de una querella contra los directivos de esta caja de ahorros. Más de 30 millones de euros es lo que presuntamente han ROBADO cinco exdirectivos de la entidad, uno de ellos ya fallecido. De los otros cuatro hay dos que aún no habrían tocado un euro de ese dinero, puesto que lo habían organizado para cobrarlo después de su jubilación. Claro está que se iban a jubilar a los 60 años (no a los 67, como nos va a tocar a los ciudadanos de a pie).

Caixa Penedés, después de su fusión con Sa Nostra, Caja Granada y Caja Murcia para conformar una entidad nueva (para convertirse en un zombi nuevo, porque si hay cuatro cajas con pérdidas, por lógica, al unirse serán una caja con más pérdidas), recibió más de 900 millones de euros del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, o lo que es lo mismo, de los bolsillos de todos los españoles. Ahora bien, la pregunta es: “¿Cuántos euros de la jubilación de los presuntos ladrones directivos de Caixa Penedés hemos pagado cada uno de los españoles?”. Porque a mí particularmente no me queda claro si el dinero público va a ir a cubrir parte del agujero financiero cavado presuntamente por estos señores. Pero no pasa nada. Son las menos las veces que un condenado por corrupción tiene que devolver lo robado. Robar una manzana es una falta, parece que robar millones de euros es ser la mar de listo. Ya está bien.